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Viene enrollado y comprimido al vacío, en un paquete que sube la escalera sin dramas y entra por cualquier puerta. Lo desenrollas, esperas unas horas y el colchón enrollable recupera su forma como si nada. El descanso de siempre, con el transporte resuelto de un plumazo.
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Subir un colchón por una escalera estrecha o meterlo en un ascensor de los justos ha sido siempre una pequeña odisea. El colchón enrollable existe precisamente para librarte de ese mal trago. Se comprime al vacío, se enrolla sobre sí mismo y acaba en una caja que cabe hasta en el maletero del coche. Luego, ya en casa, lo desenrollas, lo dejas reposar y en unas horas está como nuevo, con todo su volumen recuperado. La comodidad de dormir bien, sin la parte incómoda de la entrega.
Todo está en el prensado. En fábrica se le saca el aire, se comprime y se enrolla, de ahí su nombre. El paquete queda pequeño y manejable, pero el material interior no sufre, sea espuma, viscoelástica o incluso muelles preparados para este sistema. Cuando lo abres en casa, el núcleo vuelve a llenarse de aire y el colchón enrollable recobra su altura y su firmeza. No pierde nada por haber estado comprimido, siempre que le des su tiempo de reposo.
Más allá de lo fácil que resulta llevarlo hasta casa, tiene bazas que agradeces desde el primer día:
Nada más recibirlo, desenróllalo cuanto antes sobre una superficie plana y quítale el plástico. Y después, paciencia: la mayoría toma su forma definitiva entre unas horas y un par de días, según el material. Ventila bien la habitación ese primer rato, porque es normal que suelte un ligero olor a nuevo que se va enseguida. Si al principio lo notas algo más firme de lo que esperabas, tranquilo, termina de asentarse con el uso.
El colchón enrollable le va de perlas a quien vive en un piso de acceso complicado, a quien se muda a menudo o a quien quiere equipar una habitación sin comerse la cabeza con la entrega. También es una compra muy cómoda para el dormitorio juvenil o para renovar el descanso sin depender de transportes especiales.
En Conforama llevamos años equipando hogares por toda España, y sabemos bien que muchas veces lo difícil no es elegir el colchón, sino que llegue de una pieza hasta la habitación. Por eso tenemos una buena selección de colchones enrollables, con envío a casa o recogida gratis en tienda, para que estrenar descanso sea tan sencillo como abrir la caja y desenrollar.
Es un colchón que se comprime al vacío y se enrolla en fábrica para que ocupe mucho menos durante el transporte. Al recibirlo, lo desenrollas en casa y, tras unas horas de reposo, recupera su altura y su firmeza, igual que cualquier otro colchón.
Depende del material, aunque la mayoría gana buena parte de su volumen en las primeras horas y queda del todo asentado entre uno y dos días. Lo mejor es desenrollarlo pronto y dejarlo airear sobre una superficie plana para que se ajuste bien.
Sí. La compresión no daña el material siempre que respetes el tiempo de reposo, así que te da el mismo confort y la misma durabilidad que un colchón convencional del mismo tipo. Lo único que cambia es la forma en que llega a tu casa.
Es normal que suelte un ligero olor a nuevo al quitarle el plástico, algo habitual en materiales que han venido envasados. Se disipa en unas horas si ventilas la habitación, y no afecta ni a la calidad ni a tu descanso.
Como mejor te venga: envío a domicilio, con el colchón entregado enrollado y listo para desplegar, o recogida gratis en cualquiera de nuestras tiendas físicas de España. Al llegar tan compacto, se maneja sin problemas incluso donde el acceso es complicado.
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